31 de julio de 2013

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Mis textos: Nueva vida

No es algo normal esto en mi blog pero he decidido retomar esa pequeña parte de mi que era escritora, y para ver cómo han cambiado las cosas desde que lo dejé voy a publicar una mini historia que escribí en 2003. Ahora veo que hay muchas cosas que se pueden mejorar, pero en el momento en el que la hice pensé que estaba perfecta tal cual.

Siento que es algo muy personal esto pero es un paso importante para mi, así que aquí os dejo mi historia.


Nueva vida

Tan solo habían pasado unos minutos y ya sentía en su cuerpo la soledad de aquel instante. A cada paso que daba se notaba más lejana de sí misma. Había dejado absolutamente todo, tanto su familia como su vida, con la esperanza de encontrar una nueva y mejor vida detrás de la frontera. Tenía que ser mejor que todo aquel sufrimiento que había aguantado durante todos los años que vivió en esa casa.
Mientras andaba por aquel sendero, que parecía llevar a ninguna parte, pensaba en todo lo pasado y recordaba por qué se aventuraba a aquel viaje tan peligroso que no parecía tener fin.

Recordaba cómo había pasado los primeros años de su vida, por lo menos los que podía recordar. Desde los cuatro años había estado trabajando para poder llevar comida al resto de sus hermanos. Era difícil la vida para una familia numerosa y más aun cuando sólo estaba la madre. Su padre les había abandonado cuando nació ella, según su madre porque tuvo que viajar a ayudar a su familia. Años después descubriría que su padre les abandonó porque había encontrado a otra mujer. Así que tuvo que empezar a trabajar pronto para poder alimentar a sus otros cinco hermanos. La vida era muy cara por aquel entonces y sólo podía trabajar en el campo para ayudarles.

Cuando tenía dos años su madre conoció a otro hombre que se fue a vivir con ellos y ayudarles un poco con la casa. Durante el primer año la vida fue muy buena, su madre se volvió a quedar embarazada, este ya sería su sexto hijo. Al nacer el niño cambió por completo su vida, aquel hombre empezó a beber y maltrataba a su madre, aunque a ellos no les tocaba. Pero dos años después pasó algo que le cambió la vida por completo. Ella estaba limpiando el salón cuando aquel hombre borracho se le acercó y empezó a tocarla. Ella no sabía qué es lo que quería, pues tan solo tenía cinco años, pero a pesar de ello se negó a que la tocara por debajo de la ropa. Él, al ver la resistencia que ponía la niña, salió de la habitación y durante ese día no le volvió a ver. Tuvo un mes de tranquilidad, después todo fue a peor. Una noche, mientras dormían, él fue a su habitación, la cogió del brazo y la llevó al baño. Allí la desnudó y empezó a tocar por todo el cuerpo, ella se negaba como podía. No entendía nada de lo que pasaba, tan solo podía oler aquella peste a alcohol que ya era casi familiar. Él le pegó un par de veces hasta que ella se dejó hacer. Cuando terminó él se fue a su habitación dejándola tirada en el suelo, llorando y doliéndole todo el cuerpo. Esa noche no durmió, tan solo se quedó tumbada en su cama observando la puerta por si volvía a entrar a por ella. Volvió otra vez la calma, que duró otro año, un año en el que ella temía cada noche que entrara por la puerta y le volviera a hacer aquello. Durante ese tiempo solo hubo gritos entre él y su madre, peleas en las cuales todos los hermanos se metían en una habitación con la puerta cerrada rogando que terminaran.

De sus ojos caían lágrimas, después de haber recordado esos momentos se sentía con más ganas de cruzar la frontera hacia ese mundo nuevo y lleno de más oportunidades. Aunque ahora no sabía si lo que quería era conseguir un mundo mejor o escapar de aquel hombre que durante tantos años la había maltratado. Miraba a su alrededor ahora y podía observar aquel desértico paisaje, a pesar de estar tan vacío sentía miedo. Temía que él la hubiera seguido desde la casa, pues se había escapado. Pasaba por su lado el río el cual con su sonido característico, se acercó a beber agua pues estaba sedienta de aquel largo y caluroso camino. Cuando estaba de rodillas frente al río miraba al fondo de él, ahora sabía porque le llamaban el río Bravo. Se puso de pie y volvió a retomar su camino, el camino hacia la esperanza.

Después de ese periodo de descanso, aquel hombre entraba cada noche a por ella y la llevaba al baño para golpearla y abusar de ella. Parecía que le gustaba que ella llorara más. Se había convertido en parte de su vida las noches llorando en el baño y el dolor en todo el cuerpo mientras aquel hombre la violaba, saciaba sus necesidades con ella pues no tenía otro nombre. Durante el tiempo que estaban en el baño el olor a tequila se intensificaba. Así es como cogió odio al alcohol. Fueron años y años aguantándolo, y tampoco se lo podía decir a nadie porque él la amenazó con matarla. Así que hasta los trece años él estuvo abusando de ella como le apetecía. Pero en cuanto tuvo su primera regla los encuentros fueron a menos. Parecía que él tenía miedo de que se pudiera quedar embarazada, y que así se dieran cuenta de aquellas barbaridades.
Ella preguntó a sus hermanos, sin que se dieran cuenta, para sacarles si a alguno le había pasado algo parecido, al parecer le pasaba también a sus dos hermanas, la mayor con la que se llevaba un año y la pequeña que tenía cuatro años. Entre las dos hermanas mayores decidieron proteger a la pequeña para que no pudiera abusar de ella como hizo con las dos. Se turnaron para tenerla con ellas en la cama cada noche, así se evitarían que él se la llevara pues siempre que cogía a alguna evitaba que los demás se enteraran. Fue en una de esas noches, mientras tenía a su hermana pequeña durmiendo entre sus brazos, cuando decidió salir de ese lugar a buscar una vida mejor. Una vida en la que pudiera crecer sin tener miedo cada noche de que él entrara por la puerta y abusara de ella hasta casi la muerte.

Empezó a andar cada vez más deprisa ya que veía la frontera a tan solo unos metros. Cuanto más se acercaba más lejos parecía estar, pero corría más y más deprisa hasta llegar allí. Echó un último vistazo a aquellas tierras en las que había crecido, recordó a toda la familia que dejaba, pero las ganas de sacarles adelante y librarles de todo el tormento que había pasado hacía que aquel momento tuviera sentido.
No era la forma más correcta de pasar la frontera, pero no tenía dinero suficiente para cruzarla de otra manera, así que intentó saltar la alambrada como pudo. Durante algunos instantes pensó que no podría llegar al otro lado pues era casi imposible de subir. Cayó varias veces al suelo pero en su mente tan solo había la idea de estar en el otro lado. El corazón se le aceleraba cada vez más pues él también quería salir de ese lugar que tanto le había torturado. La sangre corría con más fuerza por sus venas, sus músculos se empezaban a sentir más débiles pues saltar la valla requería de un gran esfuerzo físico. Sus ojos se habían empezado a humedecer pues la idea de que nunca pasaría rondaba por su mente. Cuando casi estaba por darse por vencida hizo un último esfuerzo y consiguió saltar. Se desgarró un poco los brazos y las piernas, pero aquello apenas le dolió en comparación con todo el dolor que había soportado hasta entonces.

Por fin estaba en un país nuevo, lleno de oportunidades y donde iba a iniciar su nueva y mejor vida. Tenía pensado enviar poco a poco dinero a su familia y después ir trayendo a sus hermanos para librarles de aquel hombre. Pero nunca podía haber sabido que algo se iba a entrometer en su destino. De repente oyó un ruido estridente y algo la golpeó en el pecho. Cayó al suelo, de rodillas, como si fuera plomo, se tocó en el pecho donde le había dado aquel objeto y cuando alejó la mano vio que estaba llena de sangre. Giró su cabeza hacia donde había oído el disparo y vio a un hombre con un arma en la mano y una sonrisa de satisfacción en la cara. Aquel hombre se le acercó y le puso el arma en la cabeza. Ella en ese momento cerró los ojos y cayeron lágrimas por su cara, no lágrimas por lo que la estaba pasando, sino porque no iba a poder dar una vida mejor a sus hermanos y librarles de aquel tormento.

Entonces otra vez se oyó un disparo, esta vez no sintió dolor puesto que antes de que su cabeza cayera al suelo ella había muerto. En el último instante que tuvo de vida recordó la cara de su hermana pequeña cuando se alejó de aquello, y le vinieron a su mente las palabras que le dijo: “yo te traeré esperanza desde el otro lado de la frontera”. Lo que nunca sabría es que detrás de la frontera hay hombres que matan los sueños solo por diversión.

2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho tu relato, aunque un poco lioso está muy bien. Ánimo con eso de escribir que es más difícil de lo que parece desde fuera

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  2. Pues si por el 2003 ya escribías así estoy deseando ver lo que nos puedes ofrecer 10 años después.
    ¡¡Sigue así!!

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