28 de abril de 2011

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Momentos literarios: GhostGirl II El regreso






El que nada espera nunca sufre desengaños.



Salvo unos poco poetas y monjes iluminados retirados en lo alto del monte, los demás sí tenemos nuestras ilusiones. Es más, no es que las tengamos, es que las necesitamos. alimentan nuestros sueños, nuestras esperanzas y nuestras vidas como una bebida energética con dosis de cafeína. Charlotte había dejado de vivir, pero no estaba dispuesta a dejar de soñar; si bien todo apuntaba a que alguien había dejado sus sueños en eterna espera.


¿Cómo puede uno saber quiénes son sus amigos?


Un amigo de verdad siempre está ahí, sin otra prioridad que la amistad misma. contamos con nuestros amigos para que nos animen en los momentos bajos, para que nos pongan los pies en la tierra en los momentos de euforia y lo que es más importante, para que estén ahí siempre que necesitemos algo, lo que sea. Charlotte ya no estaba muy segura de quiénes eran sus amigos, pero sí de que los necesitaba.


La idea que se tiene de alguien a menudo puede resultar mucho más atractiva que la realidad de esa persona.


Por eso funcionan las relaciones a larga distancia. Tu romance idealizado permanece indemne al mal aliento, a los malos hábitos y a los progenitores embarazosos. Tu supuesta alma gemela no deja de ser nunca la persona que querías y que anhelabas. Sólo hay una gran pega, y es que tu alma gemela nunca está contigo. Los problemas empiezan cuando al otro lado de esa relación a distancia están tus propios sentimientos.


Si no se te ocurre nada agradable que decir, miente.

Las palabras no sólo sirven para expresar las emociones, también ayudan a distanciarnos de éstas. Pueden ser una valiosa res de seguridad, que protege el corazón de una excesiva exposición, que parcela los verdaderos sentimientos en sílabas forjadas concienzudamente y no en efusiva sinceridad. También pueden ser malinterpretadas, infligiendo heridas al formular en la mente del otro una falsa impresión. a veces, hay cosas que es mejor callarse.


Contra toda esperanza.

Casi toda esperanza es falsa si se para uno a pensar en ello. Significa tener fe en que las cosas saldrán bien cuando todo apunta a lo contrario. Pero ¿qué sería de nosotros sin ella? Es la brújula de la mente y la boya del corazón, aquello a lo que nos aferramos y nos mantiene a flote mientras aguardamos socorro. Sin esperanza, la vida es un sálvese quien pueda, y Charlotte esperaba encontrar la manera de conseguirlo.


Sólo puedes salir de tu ensimismamiento mirando en tu interior.

Hay personas que viven con un miedo constante a que su corazón deje de latir en cualquier momento, sintiendo cada latido como un número más en la cuenta atrás hacia el fin antes de como señal inequívoca de que están vivos. Otros apenas si son conscientes de que un corazón late en su interior, y viven al día a día ajenos a la complejidad de su funcionamiento interno. Es posible que la inquietud de los primeros no afecte en nada al resultado final, pero es evidente que sí afecta a su punto de vista. ¿Es mejor preocuparse en exceso que no hacerlo en absoluto?


No se puede tener todo.

De ahí los celos, que tampoco es que sean algo tan terrible. Los celos son una suerte de vara medidora que evalúa la temperatura de las personas, de sus deseos, sus necesidades o sus relaciones personales. Un barómetro de satisfacción personal. La cuestión es si esos celos motivan o, por el contrario, paralizan. En algunas personas, obran ambas cosas.


Es propio del amor y la muerte distorsionar las cosas.

Cuando te enamoras, ves el mundo a través de unas gafas de color de rosa. cuando mueres, es a ti a quien miran a través de ellas. En el amor y en la muerte, los defectos se pasan por algo o se perdonan. Te transformas, convertido en un personaje de la película biográfica en la que los demás han decidido plasmar tu vida.


Vivir para ver, pero en realidad la muerte es la mejor maestra.

Cuando te enfrentas a la muerte te ves forzado a mirar muy dentro de ti para comprender quién eres y qué sientes en realidad. Te descarna, como una exfoliación facial intensiva, arrancando la máscara de autoengaños, excusas y otras porquería acumuladas en el transcurso de toda una vida. Lo que queda no siempre resulta agradable a la vista, al menos no al principio. Scarlet esperaba que su experiencia cercana a la muerte no acabara siendo una sentencia de por vida.


Cada cosa a su tiempo.

Las personas entran o salen de nuestras vidas por toda clase de razones, la mayoría de ellas relacionadas con cómo racionamos nuestro tiempo. La diferencia entre hacer las cosas en el momento debido o no, entre hacer amigos o crearse problemas, es por lo general una cuestión de disposición. Estás muerto, vivo o a medio camino entre ambas cosas, no hay nada más inútil que encontrarse en el lugar adecuado en el momento equivocado.


En la vida todos somos fisgones.

Nos metemos en los asuntos de los demás, transformando sus problemas en una forma de entretenimiento personal y básicamente escamoteándoles sus propias tragedias. Devoramos los detalles más horribles e íntimos con la ferocidad con la que los polluelos picotean su comida, sin que salvo en raras ocasiones unamos los desafortunados puntos que revelan la imagen completa en su inmensa y triste realidad.



Sólo los buenos mueren jóvenes.

Siempre que un estudiante encuentra la muerte prematura en un accidente terrible, en un arbitrario acto de violencia o en una enfermedad rara sin tratamiento, profesoras, amigos y familia le elevan al instante a la condición de alumno que valía, en auténtica promesa - lo fuese o no -. No se le recuerda como un estudiante mediocre fallecido en un accidente; en su muerte se le transforma por obra de magia en un destacado estudiante modelo de honor. Es una reconfortante y vana ilusión, en realidad. Una patraña mortal. Lamentablemente, uno no está allí para apreciarlo.


No confíes en quien te diga "confía en mi".

La confianza no se regala. En toda relación es lo que más cuesta ganarse y lo que antes se pierde. Es más, sólo hay una cosa peor que el "ya no te quiero" , y es el "ya no confío en ti". Lo primero atañe al otro. No se puede hacer nada al respecto a un cambio en el sentir del corazón. Lo segundo te atañe a ti, y a nadie más que a ti.




Lo que no mata te vuelve paranoico.

Atrapado en tu propia mente, sin plan de huida, aturdido por la duda y con tus obsesiones como única guía, la realidad da paso a la ansiedad, cambiando de forma más deprisa que un contorsionista de circo. Charlotte y Scarlet empezaban a darse cuenta de que el peor lugar para perderse está en tu propia cabeza.


Un poco de vanidad cunde mucho.

Hay gente que convencida de que todo cuanto hace es genial y de que su aspecto es siempre fabuloso, por mucho que no sea así. Tienen esa capacidad de convertirse en animadoras de sí mismos, aun cuando el suyo sea un equipo perdedor. Los narcisista truecan realidad por fantasía. Pero no es que sufran un trastorno de la personalidad, es que son un producto de su propia cosecha. El único mundo que importa es el que tú te has creado, aquel en el que eliges vivir. Petula lo sabía desde hacía mucho tiempo.




Sólo tememos a lo desconocido.

Y, sin embargo, el miedo es lo que nos hace sentir más vivos. Lo conocido alimenta el bienestar, lo desconocido alimenta la duda. ¿Será ésta la última puesta de sol? ¿Volverás a comer helado otra vez? ¿Volverás a sentir lo que él te hace sentir en este momento? La incertidumbre nos mantiene en el borde, despiertos, en suspense, al filo de la posibilidad. Charlotte sabía que quería recuperar algo que llevaba en su interior, pero no sabía el qué.


Una mirada vale más que mil palabras.

Hay varias manera de mirar a alguien. Se puede mirar a las personas de abajo arriba, con admiración, o de arriba abajo, con desprecio, pero una vez la vida te ha enseñado unas cuantas lecciones importantes, se puede aprender a mirar a las personas a los ojos, de tú a tú. Petula siempre miraba desde arriba, y Charlotte estaba cansada de mirar desde abajo, pero lo único que tenían que hacer realmente era mirar en su interior y verse tal cual eran.



"No eres tú, soy yo."

Son las palabras más temidas que pueden pronunciarse en cualquier relación. Si las escuchas, o si descubres que eres tú quien desea decirlas, puedes estar seguro de que la cosa se ha acabado. Se está fraguando un aterrizaje suave, pero el resultado final es definitivo. Quienquiera que sea el que ofrece esta explicación artera es posible que no sepa lo que quiere exactamente, pero sabe bien lo que no quiere: a ti.


Mejor ella que yo.

Dicen que la comedia es una tragedia que le sucede a otro. Buscamos lo cómico en la desventura de los demás sobre todo como mecanismo de defensa, pero existe un límite. La muerte no es cosa de risa. comoquiera que ahora desfilaba ante ella, una vez más, cuando siempre había deseado y después cedido de mala gana, Charlotte empezaba a tener la sensación de que todo aquello no era más que una gran broma cósmica con una única víctima: ella.



No me tientes.

Todos queremos lo que no podemos tener. Es más, la mayoría de las veces deseamos lo que queremos o bien porque está fuera de nuestro alcance o bien porque se trata de algo prohibido. Para justificar la compra, nos convencemos a nosotros mismos de que aquello que queremos con tanta vehemencia es también lo que necesitamos. El problema es que las compras compulsivas a menudo pueden conducir a un costoso caso de arrepentimiento del comprador.



Sólo sienten desamor quienes antes han sido amados.

Cuando has amado, tu alma no lo olvida, por mucho que sí lo haga tu mente. El amor pasa a formar parte de tu ADN, tu esencia. Es sabiduría y pensamiento, arraigados en los más íntimo del corazón y del alma. Y ello puede ser una bendición y una maldición. No hay forma posible de rellenar el vacío, ni tratamiento eficaz contra el dolo persistente del amos perdido, salvo su regreso.


Para ti es fácil decirlo.

Hablar es barato. Si no lo fuera, la gente tal vez dejaría de lanzar "te quiero" a diestro y siniestro como si fuese una frase rebajada en un cajón de la sección de oportunidades. Ser tacaño con los sentimientos, guardarse de expresarlos hasta el instanto propicio, debería concederles más valos a los ojos de aquel con quien finalmente te sinceras, por mucho que tarde en llegar ese momento. Si estás con la persona acertada, es una inversión que merece la pena. La pega es que, a veces, esperas tanto para escuchar esas palabras que acabas roto por dentro.



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