3 de noviembre de 2010

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Momentos literarios: Momo




Momo la miraba fascinada. Cuando al cabo de un rato la tocó con la manó, la muñeca agitó un par de veces los párpados, movió la boca y dijo con voz rara, como si saliera de un teléfono:

- Hola. Soy Bebenín, la muñeca perfecta.

Momo se retiró asustada, pero entonces contestó casi sin querer.

- Hola; yo soy Momo.

De nuevo la muñeca movió los labios y dijo:

- te pertenezco. Por eso te envidian todos.

- No creo que seas mía- dijo Momo-. Más bien creo que alguien te habrá olvidado.
Tomó la muñeca y la levantó. Entonces se movieron de nuevo los labios y dijo:

- Quiero tener más cosas. [...]

[...]- Qué muñeca tan bonita tienes - dijo con una voz sorprendentemente monótona-. Todos tus amiguitos te la envidiarán.

Momo sólo se encogió de hombros y se calló.

- Seguro que ha sido muy cara, ¿no? - continuó el hombre gris.

- No lo sé - murmuró Momo con timidez-. La he encontrado.

- ¡Qué cosas! - respondió el hombre gris -. Me parece que eres muy afortunada.

Momo volvió a calla y se arrebujó más en su chaquetón demasiado grande. El frío aumentaba.

- Pero tengo la impresión - dijo el hombre gris con una minúscula sonrisa - de que estés demasiado contenta, pequeña.

Momo agitó un poco la cabeza. Le parecía que de pronto había desaparecido toda la alegría del mundo, como si jamás hubiera existido. Y todo lo que había tomado por alegría no hubieran sido más que imaginaciones. Pero al mismo tiempo sintió que algo la avisaba.

- Te he estado observando todo un rato - continuó aquel hombre gris-, y me parece que no saber cómo hay que jugar con una muñeca tan fabulosa. ¿Quieres que te enseñe?

Momo miró sorprendida al hombre y asintió.

- Quiero tener más cosas - sonó de repente la muñeca.

- ¿Lo ves, pequeña? - dijo el hombre gris-, ella misma lo está diciendo. Con una muñeca tan fabulosa no se puede jugar igual que con otra cualquiera, esto está claro. Tampoco está hecha para eso. Hay que ofrecerle algo, si uno quiere aburrirse con ella. Fíjate, pequeña.
Fue hacia su coche y abrió el maletero.

- En primer lugar - dijo-, necesita muchos vestidos. Aquí tenemos, por ejemplo, un precioso vestido de noche.

Lo sacó del coche y lo tiró hacia Momo.

- Y aquí hay un abrigo de pieles de visón auténtico. Y aquí una bata de seda. Y un traje de tenis. Y un equipo de esquí. Y un traje de baño. Y un traje de montar. Un pijama. un camisón. un vestido. Y otro. Y otro. Y otro...

Iba tirando todas estas cosas entre Momo y la muñeca, donde poco a poco se formaba una montaña.

- Bueno - dijo, y volvió a sonreír mínimamente -, con esto ya podrás jugar un buen rato, ¿no es verdad, pequeña? Pero al cabo de unos días también esto se vuelve aburrido, ¿no crees? Pues bien, entonces tendrás que tener más cosas para tu muñeca.

De nuevo se inclinó sobre el maletero y tiró cosas hacia Momo.

- Aquí hay, por ejemplo, un bolso pequeñito de piel de serpiente, con un lápiz de labios pequeñito y una polvera de verdad, dentro. Aquí hay una pequeña cámara fotográfica. Aquí una raqueta de tenis. Aquí un televisor de muñecas, que funciona de verdad. Aquí una pulsera, un collar, pendientes, un revólver de muñecas, medias de seda, un sombrero de plumas, un sombrero de paja, un sombrerito de primavera, palos de golf, frasquitos de perfume, sales de baño, desodorantes...

Hizo una pausa y miró, expectante, a Momo, que estaba sentada en el suelo, entre todas esas cosas, como paralizada.

- Como ves - prosiguió el hombre gris -, es muy sencillo. Solo hace falta tener más y más cada vez, entonces no te aburres nunca. Pero a lo mejor piensas que algún día la perfecta Bebenín podrías tenerlo todo, y que entonces volvería a ser aburrido. Pues no te preocupes, pequeña. Porque tenemos el compañero adecuado para Bebenín.

Con esto sacó del maletero otra muñeca. Era igual de grande que Bebenín, igual de perfecta, sólo que se trataba de un joven caballero. El hombre gris lo sentó al lado de Bebenín, la perfecta, y explicó:

- Este es Bebenén. Para él también hay interminables accesorios. Y si todo eso se ha vuelto aburrido, ahy todavía una amiga de Bebenín, que también tiene un equipo completo que sólo le va bien a ella. Y para Bebenén hay también el amigo adecuado, y éste a su vez tiene amigos y amigas. Como ves, no hace falta aburrise, porque se puede seguir así interminablemente, y siempre sigue habiendo algo que todavía puedes desear.

- No sabes todo lo que está pasando, niña. Ya no es como antes. Los tiempos cambian. Allí, donde estoy ahora, se trabaja a otro ritmo. De todos los diablos. Cada día levantamos un piso entero, uno después de otro. Es distinto de antes. Todo está perfectamente organizado, ¿sabes? Hasta el último detalle...

Siguió hablando, y Momo le escuchaba atentamente. Cuanto más lo hacía, menos entusiasmado hablaba. De repente calló y se pasó las callosas manos por la cara.

- No estoy diciendo más que tonterías- dijo, triste, de pronto- Ves, Momo, otra vez he bebido, ahora. Si no, no puedo soportarlo. Va contra la conciencia de un albañil honrado. Demasiada arena en el mortero, ¿entiendes? Aquello aguantará cuatro, cinco años, y después se derrumbará con sólo que alguien tosa. Chapuzas, no son más que chapuzas. Eso no son casas, eso son... eso son... almacenes de gente. Se le revuelve a uno el estómago. Pero, ¿a mí qué me importa? A mí me pagan y ya está. Los tiempos cambian. Antes era diferente, y me sentía orgulloso cuando hacíamos un trabajo bien hecho. Pero ahora... Algún día, cuando haya ganado bastante, dejaré mi trabajo y me dedicaré a otra cosa.


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